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Capital
Social
A
partir de comprender que el enfoque racionalista instrumental ha
dejado de lado factores tan significativos como lograr el desarrollo
social,
propiciar
la equidad, y fortalecer la democracia,
se plantea cada vez con más fuerza la
importancia de la valorización del capital humano y social.
La
clásica idea del progreso está siendo suplantada por visiones que
le otorgan un papel mayor a las complejidades, las contradicciones,
y las incertidumbres, y buscan soluciones a partir de integrarlas a
las perspectivas de análisis de la realidad. Se están
revalorizando aspectos que no estaban siendo tenidos en cuenta en el
pensamiento económico tradicional.
Se
trata en este caso, del concepto
de “Capital Social”.
El centro de esta nueva área es la evaluación
de las relaciones entre cultura y desarrollo.
Según
el análisis del Banco Mundial, hay
cuatro
formas básicas de capital:
1-
El natural:
formado por la dotación de recursos naturales con que cuenta un país.
2-
El construido:
generado por el ser humano (infraestructura, bienes de capital,
financiero, comercial, etc.)
3-El
Capital Humano:
determinado por los grados de nutrición, salud y educación de la
población.
4-El
Capital Social:
reciente concepto fruto de las ciencias del desarrollo. Algunos
estudios le adjudican un porcentaje mayoritario del desarrollo económico
de las naciones a fines del siglo XX.
El
capital
social
se
halla en plena definición y delimitación de su identidad.
Un
precursor de los análisis del Capital social, Robert Putnam,
considera que el
Capital Social se encuentra conformado por:
-
el
grado de confianza existente entre los actores una sociedad
-
el comportamiento
cívico de la comunidad
- el
nivel de asociatividad que caracteriza a determinada comunidad
-y los
valores éticos
La
desigualdad hace disminuir el capital social,
y ello afecta en gran manera a la salud de la población. Las
sociedades con mayor esperanza de vida mundial se caracterizan por
poseer mayores niveles de equidad.
A modo de ilustración: EE.UU. a pesar de tener unos de los ingresos
per cápita más altos del mundo (U$S 24.680 en 1993) tiene una
menor esperanza de vida (76.1), que otros países con ingresos
menores, como Holanda ( U$S 17.370, esperanza de vida 77.5) o España
( U$S 13.660, esperanza de vida 77.7).
Por
lo tanto, se vislumbra cómo puede ser de utilidad
la explotación del capital social en las organizaciones actuales,
que cada vez más dependen de su capital
humano.
Este capital social tiene que ver con la cultura de la reciprocidad
y la confianza,
el respeto, la honradez, la integridad,
la horizontalidad, la cooperación y la equidad,
atributos íntimamente relacionados con -y formando parte de- el
comportamiento
ético de las organizaciones.
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